No es tan sencillo, como pudiera parecer a primera vista, abordar el tema de la vilipendiada por unos y enaltecida por otros, píldora post coital.
La contradicción en la legislación española que autoriza las prácticas sexuales a los 13 años y que deja hasta los distantes 18 la edad para poder afrontar el aborto sin consentimiento paterno, es sin duda una muestra representativa de la dificultad que plantea.
Hagamos caso a las recientes encuestas que sitúan el rechazo de la sociedad alrededor de un 70%. Claro está, entre ellos se encuentran, desde las posiciones más retrogradas (los de la sotana, la ultraderecha…), hasta aquellos de posiciones más progresistas, que creen en la necesidad de una nueva legislación que no criminalice a las mujeres que deciden abortar y que haya una manera fácil y accesible para la mayoría de ellas de poder acceder a la interrupción de un embarazo no deseado.
Mi única objeción a tan controvertido tema, es la necesidad de acompañar a la píldora de una información que interiorice, que no pueda ser utilizada como un método anticonceptivo. De no ser así, sin duda traería consecuencias negativas para la salud de las afectadas. ¿Cómo conseguirlo? Quizá mediante seguimientos pormenorizados por parte de las Administraciones públicas a las que competa, como el Ministerio de Sanidad u otros organismos especializados.
Pero no voy a dejar este artículo tan aséptico y por tanto, voy a ensuciarme algo más con la píldora que tanto juego da.
Para todos aquellos agoreros que critican la medida por la banalización del sexo que ello supondrá, decirles que afortunadamente, dicha banalización es ya un hecho sin posibilidad de vuelta atrás, pues sin duda alguna es uno de los grandes avances de la humanidad.
El sexo, además de reproducción, es regocijo, placer recíproco de todos los implicados en número y diversidad. Reducirlo a la procreación es maltratarlo, es traicionar al amor, que necesita de un espacio más amplio que el que pretenden darle los iluminadores de las tinieblas, que siempre lo vieron como perversión de la carne.
La píldora, con un buen control y la adecuada campaña de sensibilización, debería paliar la angustia que supone un embarazo no deseado y evitar las funestas consecuencias que acarrearía el nacimiento de ese ser.

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